Hablar del uso responsable del agua en la
producción agrícula no es un lujo ni un discurso de ocasión. Es una necesidad.
Y en el sur del país, donde el clima nos reta cada vez más y cada decisión en
el campo tiene peso, esa conversación se vuelve todavía más relevante.
Desde hace años, el Consorcio Azucarero Central
(CAC) viene apostando a una forma distinta de manejar el agua en sus
operaciones agrícolas. No se trata solo de regar, sino de hacerlo mejor. Con
más control, con más estrategia y con herramientas que permitan aprovechar el
recurso sin desperdiciarlo.
Parte de ese trabajo ha consistido en construir
un sistema de monitoreo que hoy le permite seguir de cerca el comportamiento
del agua en su zona agrícola. El CAC cuenta con más de 270 pozos de observación,
además de estaciones de aforo, estaciones meteorológicas y otros puntos de
control distribuidos en su área de operación. Esa red permite medir caudales,
niveles freáticos, calidad del agua y condiciones del clima que inciden
directamente en la programación del riego mediante un sistema automatizado y
“hecho en casa”.
Con esa base, la empresa ha ido tomando
decisiones más precisas sobre cómo, cuándo y cuánto regar. Y ahí entra una de
las transformaciones más importantes que ha impulsado en los últimos años, la
incorporación del riego por goteo.
A diferencia del riego por gravedad, que ha
sido tradicional en buena parte de las zonas agrícolas del Valle de Neiba y de
la región Sur, el riego por goteo lleva el agua directamente a la raíz de la
planta. Eso permite reducir pérdidas por evaporación, evitar desperdicios y
aplicar solo lo que el cultivo necesita.
El CAC introdujo esta tecnología en 2014 y
actualmente tiene 1,700 hectáreas de caña de azúcar y 300 hectáreas de plátano
bajo este sistema. Esa tecnificación le ha permitido reducir más de un 30 % el
uso de agua frente a esquemas tradicionales de riego por gravedad, según datos
de la empresa.
Los beneficios no se quedan ahí. En los campos
tecnificados, las eficiencias de aplicación del riego superan el 85 %, muy por
encima de los niveles que suelen alcanzar los sistemas convencionales. También
se han observado mejoras en las condiciones del suelo, con reducción de
salinidad en áreas intervenidas y mejor comportamiento de los niveles
freáticos.
Otro punto importante ha sido el uso del
fertirriego, una práctica que permite aplicar nutrientes junto con el agua de
riego. En vez de hacerlo de manera más dispersa o menos precisa, los
fertilizantes llegan directamente a la raíz de la planta en dosis controladas.
Eso mejora la absorción, reduce pérdidas y ayuda a que el cultivo se desarrolle
con más uniformidad.
De acuerdo con la experiencia del CAC, la
combinación de riego por goteo y fertirriego ha permitido incrementos de
productividad cercanos al 40 % en toneladas por hectárea. Un ejemplo concreto
de ese cambio es el Proyecto Aguacatico, con el que fueron reactivadas más de
860 hectáreas de tierras agrícolas mediante riego tecnificado. Según la
empresa, esa intervención permitió aumentar la productividad en un 25 % y
reducir el consumo de agua en cerca de 2 millones de metros cúbicos por año. En
ese caso, la reducción del consumo de agua por tonelada de caña puede alcanzar
hasta un 50 %.
Además del riego por goteo, el proceso de
modernización ha incluido nivelación de tierras y mejoras en los sistemas de
distribución, medidas que también han contribuido a reducir el consumo de agua
por hectárea en distintas áreas. A eso se suma el uso de estaciones
meteorológicas automáticas, que facilitan ajustar el riego según las
condiciones reales y actuales del clima.
En una región como esta, donde el agua no sobra
y donde la agricultura sigue siendo clave para la economía local, producir más
con menos agua no es solo una ventaja técnica. También es la única forma de
afrontar este reto y cuidar nuestro futuro.
En el marco del Día Mundial del Agua, este tipo
de experiencias vuelve a poner sobre la mesa una idea sencilla, pero
importante. La sostenibilidad en el campo no se construye solo con buenas
intenciones. También requiere conocimiento, inversión y decisión.
El Consorcio Azucarero Central seguirá
desarrollando y aplicando tecnologías innovadoras de irrigación. La apuesta va
en esa misma dirección, continuar modernizando la producción agrícola con un
uso más eficiente del agua y con una mirada de largo plazo sobre el futuro del
campo en la región Sur.
Porque cuando el agua se usa mejor, gana el
suelo, gana el cultivo, gana el territorio y ganamos todos.
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